jueves, 25 de junio de 2009

REFLEXION SEPTIMA.- Los Hechos Diferenciales

El mundo camina hacia adelante, en una sola dirección (...) En todo, menos en Vascolandia y Catalandia. En todas partes se habla de unir, y ellos hablan de separar. En toda Europa se trata de integrar, y ellos tratan de disgregar. En toda españolandia se trata de igualar, y ellos tratan de diferenciar. Muy inteligente, muy vanguardista, muy de futuro, ya ven. Siglo diecinueve puro y duro. Ciencia ficción de la buena.
Resulta que unos quieren volver al siglo décimo o así por no sé qué asunto de un condado. Y por no sé qué cuestión de un idioma que hablan y que usan como arma arrojadiza… Por otro parte, otros quieren volver no al siglo décimo, sino a la edad de las cavernas aduciendo no sé qué tipo de suerte de un ph que sólo se encuentra en Vascolandia y en el norte de Africa -dudo mucho que Sabino Arana fuera negro-…
Y para colmo, tanto unos como otros llevan siglos beneficiándose de la mano de obra regalada que el tito Paco –y antecesores- esclavizó en el sur para mandarla al norte a mendigar las migajas de todos los recursos que nos escatimaba, mientras los señoritos de caballo vivían en la villa y corte de MadriZ a costa de nuestro sudor (...) Aún hoy podemos ver en las series televisivas cómo el médico, el arquitecto o el empresario es madrileño, vasco o catalán mientras la chacha, el camarero o el portero es andaluz-(…)
Puestos a radicalizarnos, la civilización más antigua como tal de toda la península estaba de Despeñaperros abajo -pregúntenle a más de un romano y a más de un historiador por Valencina de la Concepción- (...) Por cierto, que el condado aquel de Catalandia podría ser del siglo diez, pero me parece que morolandia por aquí abajo era un par de siglos anterior, así que si se tratara de establecer fronteras geográficas, creo que Despeñaperros y la veteranía -que es un grado- y la antigüedad, le darían a morolandia la patente necesaria para cuestiones separatistas o de ese mal rollito que se traen…
¿Hablamos de idioma? (…) Si alguien duda que en morolandia se habla una lengua diferente, con decenas de dialectos propios, que se dé una vuelta por aquí (...) Dam’er búcaro d’en ca’r Cahlo, miarma (…)
¿Alguien hablaba de hechos diferenciales? (…) Por aquí abajo sí que tenemos un hecho diferencial verdadero, auténtico, innegable e impagable. Aquí han estado todas las grandes civilizaciones de la historia, todas se han prendado de este terruño, todas se han quedado todo el tiempo que han podido, y todas añoraron volver (…) ¿Hechos diferenciales? ¡Aquí si que hay un hecho diferencial auténtico! Un hecho diferencial internacionalista. Todo el mundo tiene a gala tener un hecho diferencial nacionalista, ficticio, gregario, xenófobo, separatista, excluyente... Aquí abajo tenemos el único hecho diferencial internacionalista, y eso, le guste a quien le guste y no le guste a quien no le guste, es una Verdad con uve mayúscula. Somos tan ricos como nuestro mestizaje nos permite. Somos hijos del mundo, de la cultura, de la convivencia. No queremos ser únicos, no queremos estar aislados, no queremos separarnos de nadie. Queremos estar juntitos, abrir las puertas, dejar que llegue la gente, las culturas, las ideas. Nos gustar mezclarnos, abrazarnos, rebujarnos, y si es con poca ropa -o ninguna- y de buen rollo, mejor que mejor (…)

lunes, 1 de junio de 2009

REFLEXION SEPTIMA.- La Filosofía

La Filosofía es todo aquello que no sirve de nada, que tiene escaso valor práctico, que es difícil de aplicar, que te crea infinitos enemigos, y que no te aporta ningún tipo de beneficio económico ni material pero que al menos te puede dejar la puerta abierta para que alguien te descubra dentro de doscientos años, te rescate del ostracismo y te encumbre al Olimpo de los dioses pensadores, garantizándote así los tan ansiados dos renglones en los libros de historia. Puede que incluso los dos renglones sean dos páginas; dependerá de los recursos que tu descubridor invierta en recuperarte. Miren al pobre Cervantes, cuántas páginas ocupa hoy y cuánta hambre pasó en vida -aunque no fuera exactamente un filósofo (…)
La Filosofía es una amante insatisfecha, seguramente por la propia incapacidad del amando. Pero también con total seguridad, tras cuatro décadas de matrimonio adobado con sucedáneo de felicidad, esa antigua amante insatisfecha recordará con nostalgia aquellos días de bendita insatisfacción y los añorará e idealizará como si fueran los más felices de toda su existencia (…)
Para ser filósofo hacen falta unas características especiales. Mucho tiempo libre, por ejemplo, y muchas ganas de perderlo. O mucha pasta para gastarla en vivir y filosofar sin tener que preocuparse de cómo ganar más pasta para seguir viviendo -léase trabajar-. No es lo mismo ser filósofo que ser profesor de Filosofía. Lo primero implica una mirada sobre la vida y las cosas, con alguna que otra reflexión -acertada o no- sobre ambas. Lo segundo implica cinco años de carrera y una oposición aprobada -o un enchufe en un centro privado o concertado-.
Parece que cuando alguien se muere sólo hizo cosas buenas en vida, de modo que si lo que hizo fue escribir, pintar o filosofar, ya saben cuándo recibirá su medalla. Aunque si lo que hizo en vida fue matar rojos, judíos o moros, no recibirá ninguna medalla, sino un arito de esos de los santos, y un San delante de su nombre. Por supuesto que yo ni soy filósofo, ni profesor de filosofía, ni santo, ni pretendo ser ni una cosa ni otra –y mucho menos aún la otra-. Sólo quiero ser guapo, feliz y sano los próximos mil años. Y después de eso, quiero vivir para siempre y no morir en el intento -con todo esto creo que ya voy bien servido-.
Por cierto, que hablando de medallas y reconocimientos, éstos siempre recaen sobre gente que ya es importante en el momento de recibirlos. Por ejemplo, nunca ningún cooperante perdido en el tercer mundo o en cualquiera de sus mil guerras recibió el Nobel de la Paz, pero sí lo recibió algún que otro politicastro importante -aunque en algún caso tuviera miles de muertes en su conciencia-. O el Nobel de Literatura, que nunca fue para ningún escritor novel o joven y sí para viejas vacas sagradas, a un paso de la fosa. En mi tierra pasa lo mismo, o puede que peor aún. Que yo sepa, nunca se le concedió la medalla al mérito en el trabajo a ningún pescador -o a su viuda-, o a ningún trabajador de astilleros, pero sí que más de alguna vez ha sido para alguna folklórica o algún periodista o escritor -pero famoso, ¿eh?-.

domingo, 24 de mayo de 2009

REFLEXION SEXTA.- El Lenguaje Sexista

Una de las principales trampas urdidas por el hombre sabio ha ido encaminada o dirigida a las mujeres. El hombre sabio -sin duda asesorado por las sabias mujeres- se ha terminado por dar cuenta que de seguir sometiendo y pisoteando a las mujeres de la forma en que venía haciéndolo, se le podía ir el asunto de las manos y perder el control del cotarro. De modo que un día se puso a trabajar en la cuestión de controlar el asunto férreamente para meter a las mujeres en el saco y mantenerlas sometidas otros cuantos de miles de años.
Para conseguirlo, el objetivo estaba claro; se trataba de impedir que las mujeres pensaran, que tomaran el poder, que asumieran el control, que plantearan una alternativa femenina al modelo de sociedad impuesto por el hombre sabio. Para ello tramaron una estupenda farsa, un fantástico ardid a través del cual están consiguiendo mediatizar a las mujeres y convencerlas que la solución a su sometimiento no está en encontrar una sociedad alternativa a la de los hombres, sino en convertirse ellas mismas en hombres sabios. Es decir, los hombres sabios quieren que las mujeres deseen ser hombres sabios y de esta forma no se dediquen a encontrar un modelo de sociedad más perfecta que la de los hombres sabios y en la que éstos y sus privilegios no tengan cabida.
De momento están ganando la batalla, y gracias a la complicidad de las sabias mujeres están consiguiendo que el resto de mujeres no busquen las alternativas sino el convertirse. Les muestran la zanahoria, les marcan el camino deseado por ellos, las llevan a debates vacíos donde el mayor triunfo es la estupidez más absoluta, y les hacen creer en una fantasía de avances que no son sino riesgos medidos y controlados por ellos mismos.
El lenguaje no sexista es el gran bluff en las políticas de igualdad, y la mayor estupidez de todas las estupideces en este sentido. Hoy se es más feminista que nadie por duplicar las palabras para decir lo mismo, navegando en contra de la corriente que marcan la propia sociedad y el sentido común. ¿Se imaginan redefinir todo el idioma? Yo no sería un hombre, sino un hombrO. Y los concejales no serían tal, sino concejalOs. Y los albañilOs. También tendríamos que redefinir la fauna, y un águila macho sería un águilO. Y lo mismo ocurriría con el panterO, el jirafO, el iguanO y así imaginen el resto. Y con los plurales, pluralAs y pluralOs, no vean. Compañeros y compañeras, amigos y amigas, asistentEs, asistentAs y asistentOs; tíOs, tíAs y tíEs -claro que sí, ¿o es que los homosexuales no tienen derecho a reivindicar su propia vocal para ellOs, ellAs o ellEs?-.
Es el colmo del absurdo, y se ve absolutamente ridículo -una tomadura de pelo y una falta de respeto vil- cuando vemos a los hombres sabios y a las sabias mujeres hablar de esa forma entre amplias sonrisas -mientras sus parejas están en casa fregando, con todo el respeto para tan digna labor, por supuesto-, agitando el lenguaje no sexista irreal y artificial como el gran paradigma de la integración de la mujer en la sociedad de los hombres sabios.
Pero luego, a la hora de la verdad, las mujeres caen en la trampa y les siguen el juego pretendiendo llegar a ser un hombre sabio -puede que alguna lo consiga, pero aunque es posible, es improbable- en lugar de dedicarse a idear el modelo de sociedad de la mujer. Y así, mientras los hombres sabios y las sabias mujeres hablan y hablOn de las lenguas y los lenguOs entre sonrisas y sonrisOs, meten a las demás mujeres en el saco, en la carrera por llegar a ser hombres sabios.
Finalmente descubrimos que todo es una farsa, y que en realidad todo está peor para las mujeres. Trabajan igual que los hombres pero cobran menos. Están sometidas a acoso laboral en un alto porcentaje. Tienen menos contratos fijos, y el embarazo sigue siendo causa de multitud de despidos. No llegan a puestos de responsabilidad en el mismo porcentaje que los hombres. Y a los puestos importantes de verdad, en los que se toman las decisiones, ésos, ni los huelen. Y encima llegan a casa y tienen las mismas obligaciones domésticas que antaño en la mayoría de los casos pero el treinta por ciento menos de tiempo. Para colmo, siguen siendo maltratadas por muchas de sus parejas, y las cifras de mortandad son realmente espeluznantes.
¿De verdad que las cuotas en los partidos y el lenguaje no sexista son los dos paradigmas del feminismo del siglo veintiuno? Por favor, mujeres del mundo, rescatadnos. Inventad un término nuevo que no sea tan parecido a machismo. Por favor, no permitáis que los hombres sabios y las sabias mujeres os metan en el saco como hicieron con nosotros. Por favor, cread un nuevo modelo de sociedad -podéis hacerlo mucho mejor que nosotros-. Y por favor, no caigáis en la trampa; no sigáis a falsos profetas, falsos discursos ni falsas banderas. Os lo pide un hambriento de mujeridad, mujerismo o lo que vosotras queráis.

jueves, 14 de mayo de 2009

REFLEXION SEXTA.- Sabias Mujeres

Las sabias mujeres son una subespecie del homo sapiens sapiens, surgida bajo el auspicio de los hombres sabios. En realidad, las sabias mujeres no son sino hombres sabios que hacen pipí agachados. Las sabias mujeres son cómplices de los hombres sabios, y de acuerdo con ellos, manipulan a las mujeres de verdad, las confunden, las chantajean, las encorsetan, las disgregan, las desconciertan, y finalmente, ayudan a que sigan bajo el yugo de los hombres sabios sin que ellas se percaten a priori de esta realidad(…)
Entre tanta labia, tanta demagogia, tantos fuegos de artificio y tanta viga ante los ojos, a las mujeres oprimidas por los hombres sabios les resulta complicado ver ninguna pelusa. Es complicado -casi imposible- distinguir el grano entre tanta paja(…) Porque el trabajo de estas sabias mujeres es mantener al resto de mujeres en el corral, para que no se rebelen ni den ruido. Antes, el hombre sabio pegaba tres voces, tres empujones, tres golpes, y asunto resuelto. Tú estás aquí porque yo lo digo. Hoy en día -a pesar de que continúan existiendo energúmenos que actúan así-, al hombre sabio le resulta más rentable, más políticamente correcto y más vendible usar a las sabias mujeres y meter en cintura al resto usando otras armas que no son la fuerza bruta.
Las sabias mujeres -al igual que los hombres sabios- hablan siempre usando la primera persona del plural. Llevan siempre una sonrisa de dentífrico tatuada en la cara, y se giran saludando hacia la cámara moviendo toda la cintura, cual autómata, para presentar siempre un aspecto impecable. Las sabias mujeres usan discursos vacíos, palabras vanas, y contenidos inocuos que luego venden como avances espectaculares en políticas de género(…)
Las sabias mujeres explotan al resto de mujeres, les pagan menos, las discriminan en el trabajo, las acosan -que no todo el acoso ha de ser sexual, aunque de ese también hay- y las despiden si se quedan embarazadas(…)
Las sabias mujeres se llenan la boca hablando de cuotas de mujer, y sonríen cuando afirman que son un instrumento utilísimo para la integración, la igualdad, tararí y tarará. Realmente, estas cuotas no son sino el instrumento que tienen ellas mismas para llegar a los sillones que los hombres sabios han guardado para ellas, y perpetuarse allí a costa del resto de mujeres.
Las sabias mujeres son las auténticas mujeres florero de verdad. Caminan al lado de los hombres sabios, ningunean como ellos al resto del personal, fastidian y someten a las demás mujeres, y salen sonrientes en las fotos oficiales de rigor junto a los hombres sabios a los que tanto admiran(…) Su único trabajo consiste en fastidiar, pisotear y subyugar a las demás mujeres para tener contentos a los hombres sabios, y que ellos las mantengan en sus recién estrenados sillones de hombres sabios que hacen pipí agachados.
Las sabias mujeres no han escrito la historia hasta hoy día, pero lo que no nos puede caber ninguna duda es en que si dejamos el futuro en manos de estas sabias mujeres, lo que nos espera no es mejor que lo que hemos tenido hasta este momento. Crucemos las manos para que el resto de mujeres del mundo tomen las riendas, y no permitan que caigamos en otros ciento ochenta mil años similares a los que hemos soportado hasta hoy -es fácil para mí largarles a ellas esta responsabilidad, cuando yo no he hecho nada por cambiar las cosas, como el resto de hombres menos sabios; o al menos, puede que haya hecho algo, pero sin duda ha sido insuficiente-.

domingo, 10 de mayo de 2009

REFLEXION QUINTA.- La educación

La educación es esa virtud, cualidad, característica o búsquenle ustedes la palabra adecuada, de la que carecen un alto porcentaje de personalidades, políticos, gobernantes y monarcas de la historia. Al mismo tiempo, educación es aquello que hace falta para no cantar más de cuatro verdades ante cualquier ventana de la administración pública, o aquella otra cosa necesaria para ver ciertos programas de televisión sin tener vergüenza ajena o sin mandar ningún sms acordándose de la familia del individuo que autorizó su emisión. Educación es lo que nos distingue de los perros y los caballos -a algunos- y nos impide hacer nuestras necesidades en la vía pública (…)
La primera estupidez, la primera tomadura de pelo para todos los miles de estudiantes que anualmente salen engañados de los institutos pretendiendo llegar a una universidad donde estarán a años luz de recibir la educación y formación que imaginan y necesitarán en el mundo real es la prueba de selectividad. ¿Selectividad? ¡Qué repeluco! ¿Es que sólo los selectos tienen derecho a ir a la universidad y los no selectos están condenados al infierno de la mano de obra barata -y a menudo muchísimo más cualificada que los técnicos-? ¿Es que no vale de nada el esfuerzo realizado durante años en el instituto, y por eso es necesario acudir a una prueba adicional? ¿Es que los profesores de bachillerato son de segunda división y por eso los estudiantes necesitan pasar un examen realizado por los hombres sabios cercanos a los hombres sabios y corregido por otros hombres sabios que sí son profesores de primera división, y cuya opinión vale más que la de los profesores de bachillerato? (…)
Luego, el alumno tiene que enfrentarse a una feroz competencia a la hora de conseguir que lo acepten en la facultad deseada, porque hay saturación debido a que muchos otros alumnos no han sacado nota para entrar donde deseaban y tienen que conformarse con entrar donde pueden o donde les dejan. O peor incluso; puede que el alumno en cuestión tenga que meterse por ejemplo en derecho porque en periodismo no lo admitían por la nota de selectividad. O sea, que es selecto, pero no lo suficientemente selecto como para entrar en periodismo. Como si un mal día fuera determinante a la hora de decidir el futuro de un adolescente -puede que el día de la selectividad, el estudiante en cuestión no tuviera a la musa de su parte; ¿por qué dudar de la juventud por principio?- (...)
En la edición de hoy de El Diario de Sevilla -ese insigne ejemplo de independencia editorial al que leo porque al enemigo hay que conocerlo-, año VIII, número dos mil quinientos noventa y tres, aparece un artículo que ilustra convenientemente estas impresiones de las que vengo hablando (…) Según un insigne profesor (…) habría que eliminar el coladero académico en que se ha convertido la universidad, y establecer un filtro tan riguroso de acceso que sólo pudieran superarlo los jóvenes con formación suficiente. Para conseguir esto, y hacerlo de forma real y absolutamente efectiva, sería indispensable transferir TODO el poder a los centros, para que sean éstos quienes decidan qué alumnos son merecedores de estudiar en la universidad y cuáles no -según establecía la anterior ley del último gobierno de Josemari-. Esto debería ser así porque según este ilustrado profesor, lo importante en la universidad tiene que ser la calidad y excelencia de sus alumnos y no otras cuestiones, ya que lo contrario es fruto de pedagogos progres -que acusan injustamente a los profesores del fracaso escolar- y sólo contenta a padres y alumnos malos. Claro, cómo no. La culpa del mal resultado de una operación quirúrgica es del enfermo, por estar enfermo, no del cirujano. Del enfermo y de Felipe González, claro (...)
Me pregunto cómo puede impartir Historia Moderna en la universidad. ¿Será para él historia moderna el líber iudiciorum? Este hombre sabio no se habrá enterado que hace tres décadas que todos los españolitos pobres somos iguales ante la ley -menos los ricos ricos, los hombres sabios, los fuera de la ley y Farruquito-. Este profesor no se ha enterado aún que eso de la excelencia y la calidad y Santiago y Cierra España no es Historia Moderna, sino Arqueología Social (…) ¿Qué enseñará este tipo en sus clases de Historia Moderna? ¿Que Marx fue el anticristo? ¿Que el Che era un terrorista? ¿Que Dolores Ibarruri fue una bruja -la última bruja de la historia-? ¿Enseñará que la Segunda República fue un terrible golpe de estado y que Franco acabó la Reconquista en mil novecientos treinta y nueve al terminar con ella y expulsar de una vez por todas a los rojos, moros y judíos que quedaban? ¿Tendrá como asesor a Pío Moa?
Seguro que esos padres y alumnos malos estarían muy contentos de quedarse fuera del sistema universitario gracias a sus sabios consejos, y de seguir pagándole su inmerecido sueldo mientras tanto. ¿Y qué haríamos con las estudiantAs? ¿Admitimos a las de calidad, a las buenorras que accedan a bajarse las braguitas? ¿Y al resto? ¿Rechazamos a las buenorras estrechas y a las feas? ¿Qué hacemos con los andaluces o los extremeños? ¿Los remitimos del tirón para labores agrícolas? (…)
Si a pesar de todo esto consigues sobrevivir y encontrar un puesto, te encuentras con la mayor de todas. La mafia. Sí señor, la mafia en estado puro. Los señores feudales, dispuestos a todo por conservar y disfrutar de todos sus rancios privilegios -incluido el de pernada, aunque con matices-. Estoy hablando de los colegios profesionales, claro está. Estos son los que controlan todo el tinglado. Tienes que pagar un peaje para ejercer una profesión cuyo derecho a ejercer te has ganado a pulso durante años de sacrificio (…) No basta con tu diplomita. Tienes además que ir y bajarte la ropa interior ante los colegios profesionales que te dan caña a saco, sin anestesia, y encima sonríen groseramente y con la desvergüenza propia de todo aquel que se sabe por encima de la ley. ¿Usted es abogado? No señor. Usted es licenciado en derecho. Pero usted no es abogado hasta que no pague el impuesto revolucionario -léase extorsión- que efectúan de manera legal dichos colegios. ¿Medico? ¿Doctor? Nada de eso, no señor. Usted apoquine, y entonces podrá ejercer. Usted ejercerá cuando yo quiera, porque yo soy el don del barrio, il capo di tutti le capi (…)

martes, 5 de mayo de 2009

REFLEXION QUINTA.- Los hombres sabios

El hombre es sabio, es fuerte, es valiente, es guardián de bienes y patrimonios, y es fuente perpetua de consejos y conocimientos. El hombre se ha encargado de convertir el mundo en lo que es, y gracias a tantos y tantos hombres líderes mundiales a lo largo de la historia, vivimos en este paraíso que hemos heredado(...)
El hombre es la cima de la creación, y como tal, sólo está sujeto a error porque si no tuviera la capacidad de errar, sería tan perfecto como dios y sólo dios es dios, porque sino no sería único, y entonces esto no sería monoteísmo, y volveríamos al Olimpo, y la iglesia se iría al garete, y Satanás andaría de copas como Pedro por su casa, y esto sería todo un cachondeo. Por cierto, que si dios es perfecto, se puede decir de él que es infalible. Aunque si alguien carece de una facultad – por ejemplo, la facultad de errar -, ya no es perfecto porque le falta algo. Entonces, si dios es perfecto y nunca se equivoca, y no puede ser perfecto porque le falta la facultad de equivocarse, ¿cómo podemos entender todo este tinglado? No hay problema, elegimos a cualquier polaco, hombre sabio por supuesto, para que les dé caña a rojos y ateos; amenace con el infierno a los que piensen demasiado –aunque luego acabe reconociendo que el infierno no existe-; y condene a los curas que salen del armario al tiempo que mira con comprensión a los curas pederastas mientras santifica a fascistas y amiguetes como quien tiene las escrituras de propiedad de grandes extensiones del paraíso. Me pregunto dónde iría el Wojtila éste a por los títulos de propiedad. Por cierto, que el papa mazinger –el robot era más simpático, porque sólo iba a por los malos y dejaba en paz a gays y lesbianas– es otro hombre sabio, santo también, capaz de llamar a sus fieles a la insubordinación civil para condenar a la segunda división a gays, lesbianas y transexuales; de movilizar al ejército de cristo para negar al gobierno legítimamente constituido la no menos legítima potestad para intentar acabar con el terrorismo de eta; y al mismo tiempo se muestra incapaz de llamar a la movilización a sus huestes para condenar la barbarie israelí, o la desfachatez del vaquero alcohólico y acomplejado para con el resto del mundo, o para frenar el hambre y la pobreza que azota a un altísimo porcentaje de la humanidad. Aunque para esto último tendría que empezar por practicar un poco de cristianismo y repartir entre los pobres. Es otra clara variante del ejemplo del médico con el tabaco.
El hombre es sabio; más que eso, es sabio sabio. La monda. Por un lado tenemos a Sócrates afirmando que lo único que sabe con certeza es que no sabe nada, y por otro lado tenemos a algún darwiniano –disculpas por no haberme tomado la molestia de buscar su nombre, pero entenderán que eso de la bibliografía no forme parte de unas modestas reflexiones– que afirma de estos monos calvos y bípedos que no sólo no es cierto eso de que no sabemos nada, sino que llegamos a saber tanto que somos sabios sabios(…)
Somos tan sabios que hemos puesto nuestros destinos comunes e individuales en manos de incapaces, que nos han llevado a la deriva a lo largo de siglos, que han dilapidado nuestra riqueza, nuestra sangre y nuestras vidas en satisfacer su propio ego, su afán de poder o patrimonio, su lascivia, o simplemente su orgullo. Tan sabios que nos tragamos durante siglos que había un dios barbudo y cabreado eternamente -¿sería un crítico profesional?-, empeñado en poner el poder en manos de unos pocos para que el resto nos dejáramos la piel cada día por mantener los privilegios de esos pocos (...)
Los hombres sabios han sometido durante miles de años a ese desalmado competidor que es la mujer, han podido usar provechosamente la ventaja que les concede la fuerza bruta, han destruido irremisiblemente a los más débiles para así poder construir una especie mejor, conformada por los más fuertes, han utilizado a los menos afortunados para levantar palacios, imperios, fortunas y naciones, y han ideado terribles dioses e ídolos de barro para amedrentar a propios y extraños e impedir rebeliones, revoluciones, o incluso pensamientos recalcitrantes (...)
Dios hizo al hombre sabio a su imagen y semejanza, y la excepción tiene la regla - ¿era así el dicho popular? -. La verdad es que este dios estuvo un poco chapucero. Seguro que era un dios novato por aquel entonces. O peor aún, espero que no sea un aprendiz de dios, porque si no, vamos aviados (... )

miércoles, 29 de abril de 2009

REFLEXION CUARTA.- Críticos de prestigio

Tengo la firme impresión que para dedicarse a la muy noble tarea de criticar la obra de otro, hay una condición indispensable: la ausencia total de gusto. Básicamente, la crítica consiste en decir que te gusta todo lo que a nadie le gusta, mientras que debes aborrecer aquello que a la mayoría del vulgo le agrada. O sea, que es como el típico caso del soldado que va a contrapié en el desfile y se niega a cambiar el paso porque considera que los equivocados son los otros tres mil mientras él se halla en posesión de la verdad.
Me gustaría que alguna vez alguien me explicara cómo se consigue el carnet de crítico, o dónde se puede uno graduar o diplomar en crítica. También me valdría con que me explicaran cómo se consigue trabajo de crítico, aunque lo cierto, es que criticar a alguien no cuesta trabajo para nada en absoluto. En la calle de mi pueblo donde viví de chaval, había alguna que otra persona que realmente podría haberse dedicado a esta gratificante profesión (...)
Para ser crítico, pienso, hay que padecer de estómago, hay que estar permanentemente cabreado, hay que ver la vida gris oscuro tirando a negro, y hay que tener el ego muy alto, la lengua rápida, y las manos lentas. Es como ponerle pegas a todo lo que hace otro, pero sin el como. Y todo esto, sin haber hecho nada que sirva como modelo comparativo. Me explico: no hay ningún crítico que haya escrito el quijote y luego utilice el quijote como patrón de medida para todas las novelas, de modo que se pueda permitir el lujo de calificar de literatura fácil o comercial a todas aquellas novelas que no sigan el patrón marcado por él. Pienso que hay que padecer de estómago porque todo, todo, todo – cine, música, literatura, pintura...- está mal, o mejor dicho, no está lo suficientemente bien como para satisfacer el espíritu puro del crítico. Hay que estar permanentemente cabreado porque a veces no se puede escatimar en palabras que tiren por tierra la obra de otro; lo importante no es respetar a ese otro con el que no compartimos gusto o motivación: lo importante es tirar por tierra el trabajo de ese otro, sin habernos manchado las manos trabajando nosotros. Qué fácil es torear desde la barrera. Es preciso ver la vida gris oscuro tirando a negro porque para ser crítico hay que buscar y rebuscar mucho entre toda la basura que nos rodea, viéndolo todo como insatisfactorio, para encontrar las verdaderas y únicas gotas de inspiración capaces de satisfacer esa sensibilidad extrema, y ese gusto exquisito que sólo ellos mismos son capaces de apreciar. Hay que tener el ego muy alto, porque hay que creerse por encima del bien y del mal; hay que creerse capacitado para juzgar el trabajo ajeno y emitir sentencia firme sobre él. No me digan si no hay que tener el ego alto como para permitirse sentenciar sobre cualquier cosa que ni hemos hecho, ni seremos capaces de hacer en nuestra vida. O si no hay que tener el ego en las alturas para creer que millones de personas están equivocadas cuando aplauden un libro, una película o una canción, y al mismo tiempo asegurar que la obra en cuestión es de baja calidad porque a MÍ me lo parece; es una pasada afirmar que la propia opinión de uno está por encima del resto, más cualificada, más próxima a la luz de la sabiduría. Y en cuanto a la lengua rápida y las manos lentas... no hacen falta demasiadas explicaciones: no pintar jamás un cuadro, pero descalificar cuadros de otro; no escribir nunca un libro, pero enumerar los “defectos” del libro de otro; no componer o cantar nunca una canción, pero vilipendiar la composición o actuación de otro; no dirigir o interpretar nunca una película, pero enjuiciar las películas de otro... En fin, un auténtico chollo esto de la crítica.
Es curioso cómo hay personas, obras, o situaciones que se convierten en icono, y su imagen como icono llega a sobre pasar tan de largo su propia calidad intrínseca como persona, obra o situación, que generaciones enteras se las dan de entendidos, cultos, o puristas – o todo a la vez e incluso algún calificativo más -, con sólo invocarlos aunque realmente no lleguen a saber nada de ellos. Seguramente habrá en la historia mejores cantantes que Kurt Kobain o John Lennon, mejores actores o actrices que James Dean o Marylin Monroe, mejores “políticos” que Ernesto Guevara o JFK, y mejores autores que Cervantes o García Lorca. Estoy seguro que si al colectivo de críticos aún le quedara hacia este modesto reflexor – ¿se dirá así de quién reflexiona? ¿tendrán las almohadas algo que ver con los almohades? - algún resto de simpatía, estoy a punto de dilapidarlo(...)
Lo que ocurre es que en la mayoría de los casos, el icono está por encima de cualquier otra circunstancia, y bastante a menudo es la “crítica cualificada” la que aporta o resta prestigio. Curiosa situación, si tenemos en cuenta que Cervantes se murió más pobre que las ratas, o Van Gogh tenía menos fondo que el Guadalquivir en agosto(...)
La crítica, que muchas veces se lanza al desgarro de obras o autores, condenándolos al ostracismo en vida, no tiene ningún reparo en adoptar posteriormente dichas obras y autores, y reivindicarlos tras la muerte de los segundos. Como si eso le sirviera de consuelo al autor. Como si hubiera un club social en el paraíso donde los autores pudieran codearse entre ellos y recibir aclamaciones a la salida. Como si de veras tuviéramos una eternidad donde los pobres fuéramos los ricos y los últimos los primeros. ¿Alguien puede imaginar a Vincent y a Don Miguel, mofándose de Miró o Cela por toda la eternidad? Esto me lleva al principio, al regalo envuelto en lujoso papel conteniendo en su interior una sola tarjeta de felicidades.