domingo, 24 de mayo de 2009

REFLEXION SEXTA.- El Lenguaje Sexista

Una de las principales trampas urdidas por el hombre sabio ha ido encaminada o dirigida a las mujeres. El hombre sabio -sin duda asesorado por las sabias mujeres- se ha terminado por dar cuenta que de seguir sometiendo y pisoteando a las mujeres de la forma en que venía haciéndolo, se le podía ir el asunto de las manos y perder el control del cotarro. De modo que un día se puso a trabajar en la cuestión de controlar el asunto férreamente para meter a las mujeres en el saco y mantenerlas sometidas otros cuantos de miles de años.
Para conseguirlo, el objetivo estaba claro; se trataba de impedir que las mujeres pensaran, que tomaran el poder, que asumieran el control, que plantearan una alternativa femenina al modelo de sociedad impuesto por el hombre sabio. Para ello tramaron una estupenda farsa, un fantástico ardid a través del cual están consiguiendo mediatizar a las mujeres y convencerlas que la solución a su sometimiento no está en encontrar una sociedad alternativa a la de los hombres, sino en convertirse ellas mismas en hombres sabios. Es decir, los hombres sabios quieren que las mujeres deseen ser hombres sabios y de esta forma no se dediquen a encontrar un modelo de sociedad más perfecta que la de los hombres sabios y en la que éstos y sus privilegios no tengan cabida.
De momento están ganando la batalla, y gracias a la complicidad de las sabias mujeres están consiguiendo que el resto de mujeres no busquen las alternativas sino el convertirse. Les muestran la zanahoria, les marcan el camino deseado por ellos, las llevan a debates vacíos donde el mayor triunfo es la estupidez más absoluta, y les hacen creer en una fantasía de avances que no son sino riesgos medidos y controlados por ellos mismos.
El lenguaje no sexista es el gran bluff en las políticas de igualdad, y la mayor estupidez de todas las estupideces en este sentido. Hoy se es más feminista que nadie por duplicar las palabras para decir lo mismo, navegando en contra de la corriente que marcan la propia sociedad y el sentido común. ¿Se imaginan redefinir todo el idioma? Yo no sería un hombre, sino un hombrO. Y los concejales no serían tal, sino concejalOs. Y los albañilOs. También tendríamos que redefinir la fauna, y un águila macho sería un águilO. Y lo mismo ocurriría con el panterO, el jirafO, el iguanO y así imaginen el resto. Y con los plurales, pluralAs y pluralOs, no vean. Compañeros y compañeras, amigos y amigas, asistentEs, asistentAs y asistentOs; tíOs, tíAs y tíEs -claro que sí, ¿o es que los homosexuales no tienen derecho a reivindicar su propia vocal para ellOs, ellAs o ellEs?-.
Es el colmo del absurdo, y se ve absolutamente ridículo -una tomadura de pelo y una falta de respeto vil- cuando vemos a los hombres sabios y a las sabias mujeres hablar de esa forma entre amplias sonrisas -mientras sus parejas están en casa fregando, con todo el respeto para tan digna labor, por supuesto-, agitando el lenguaje no sexista irreal y artificial como el gran paradigma de la integración de la mujer en la sociedad de los hombres sabios.
Pero luego, a la hora de la verdad, las mujeres caen en la trampa y les siguen el juego pretendiendo llegar a ser un hombre sabio -puede que alguna lo consiga, pero aunque es posible, es improbable- en lugar de dedicarse a idear el modelo de sociedad de la mujer. Y así, mientras los hombres sabios y las sabias mujeres hablan y hablOn de las lenguas y los lenguOs entre sonrisas y sonrisOs, meten a las demás mujeres en el saco, en la carrera por llegar a ser hombres sabios.
Finalmente descubrimos que todo es una farsa, y que en realidad todo está peor para las mujeres. Trabajan igual que los hombres pero cobran menos. Están sometidas a acoso laboral en un alto porcentaje. Tienen menos contratos fijos, y el embarazo sigue siendo causa de multitud de despidos. No llegan a puestos de responsabilidad en el mismo porcentaje que los hombres. Y a los puestos importantes de verdad, en los que se toman las decisiones, ésos, ni los huelen. Y encima llegan a casa y tienen las mismas obligaciones domésticas que antaño en la mayoría de los casos pero el treinta por ciento menos de tiempo. Para colmo, siguen siendo maltratadas por muchas de sus parejas, y las cifras de mortandad son realmente espeluznantes.
¿De verdad que las cuotas en los partidos y el lenguaje no sexista son los dos paradigmas del feminismo del siglo veintiuno? Por favor, mujeres del mundo, rescatadnos. Inventad un término nuevo que no sea tan parecido a machismo. Por favor, no permitáis que los hombres sabios y las sabias mujeres os metan en el saco como hicieron con nosotros. Por favor, cread un nuevo modelo de sociedad -podéis hacerlo mucho mejor que nosotros-. Y por favor, no caigáis en la trampa; no sigáis a falsos profetas, falsos discursos ni falsas banderas. Os lo pide un hambriento de mujeridad, mujerismo o lo que vosotras queráis.

jueves, 14 de mayo de 2009

REFLEXION SEXTA.- Sabias Mujeres

Las sabias mujeres son una subespecie del homo sapiens sapiens, surgida bajo el auspicio de los hombres sabios. En realidad, las sabias mujeres no son sino hombres sabios que hacen pipí agachados. Las sabias mujeres son cómplices de los hombres sabios, y de acuerdo con ellos, manipulan a las mujeres de verdad, las confunden, las chantajean, las encorsetan, las disgregan, las desconciertan, y finalmente, ayudan a que sigan bajo el yugo de los hombres sabios sin que ellas se percaten a priori de esta realidad(…)
Entre tanta labia, tanta demagogia, tantos fuegos de artificio y tanta viga ante los ojos, a las mujeres oprimidas por los hombres sabios les resulta complicado ver ninguna pelusa. Es complicado -casi imposible- distinguir el grano entre tanta paja(…) Porque el trabajo de estas sabias mujeres es mantener al resto de mujeres en el corral, para que no se rebelen ni den ruido. Antes, el hombre sabio pegaba tres voces, tres empujones, tres golpes, y asunto resuelto. Tú estás aquí porque yo lo digo. Hoy en día -a pesar de que continúan existiendo energúmenos que actúan así-, al hombre sabio le resulta más rentable, más políticamente correcto y más vendible usar a las sabias mujeres y meter en cintura al resto usando otras armas que no son la fuerza bruta.
Las sabias mujeres -al igual que los hombres sabios- hablan siempre usando la primera persona del plural. Llevan siempre una sonrisa de dentífrico tatuada en la cara, y se giran saludando hacia la cámara moviendo toda la cintura, cual autómata, para presentar siempre un aspecto impecable. Las sabias mujeres usan discursos vacíos, palabras vanas, y contenidos inocuos que luego venden como avances espectaculares en políticas de género(…)
Las sabias mujeres explotan al resto de mujeres, les pagan menos, las discriminan en el trabajo, las acosan -que no todo el acoso ha de ser sexual, aunque de ese también hay- y las despiden si se quedan embarazadas(…)
Las sabias mujeres se llenan la boca hablando de cuotas de mujer, y sonríen cuando afirman que son un instrumento utilísimo para la integración, la igualdad, tararí y tarará. Realmente, estas cuotas no son sino el instrumento que tienen ellas mismas para llegar a los sillones que los hombres sabios han guardado para ellas, y perpetuarse allí a costa del resto de mujeres.
Las sabias mujeres son las auténticas mujeres florero de verdad. Caminan al lado de los hombres sabios, ningunean como ellos al resto del personal, fastidian y someten a las demás mujeres, y salen sonrientes en las fotos oficiales de rigor junto a los hombres sabios a los que tanto admiran(…) Su único trabajo consiste en fastidiar, pisotear y subyugar a las demás mujeres para tener contentos a los hombres sabios, y que ellos las mantengan en sus recién estrenados sillones de hombres sabios que hacen pipí agachados.
Las sabias mujeres no han escrito la historia hasta hoy día, pero lo que no nos puede caber ninguna duda es en que si dejamos el futuro en manos de estas sabias mujeres, lo que nos espera no es mejor que lo que hemos tenido hasta este momento. Crucemos las manos para que el resto de mujeres del mundo tomen las riendas, y no permitan que caigamos en otros ciento ochenta mil años similares a los que hemos soportado hasta hoy -es fácil para mí largarles a ellas esta responsabilidad, cuando yo no he hecho nada por cambiar las cosas, como el resto de hombres menos sabios; o al menos, puede que haya hecho algo, pero sin duda ha sido insuficiente-.

domingo, 10 de mayo de 2009

REFLEXION QUINTA.- La educación

La educación es esa virtud, cualidad, característica o búsquenle ustedes la palabra adecuada, de la que carecen un alto porcentaje de personalidades, políticos, gobernantes y monarcas de la historia. Al mismo tiempo, educación es aquello que hace falta para no cantar más de cuatro verdades ante cualquier ventana de la administración pública, o aquella otra cosa necesaria para ver ciertos programas de televisión sin tener vergüenza ajena o sin mandar ningún sms acordándose de la familia del individuo que autorizó su emisión. Educación es lo que nos distingue de los perros y los caballos -a algunos- y nos impide hacer nuestras necesidades en la vía pública (…)
La primera estupidez, la primera tomadura de pelo para todos los miles de estudiantes que anualmente salen engañados de los institutos pretendiendo llegar a una universidad donde estarán a años luz de recibir la educación y formación que imaginan y necesitarán en el mundo real es la prueba de selectividad. ¿Selectividad? ¡Qué repeluco! ¿Es que sólo los selectos tienen derecho a ir a la universidad y los no selectos están condenados al infierno de la mano de obra barata -y a menudo muchísimo más cualificada que los técnicos-? ¿Es que no vale de nada el esfuerzo realizado durante años en el instituto, y por eso es necesario acudir a una prueba adicional? ¿Es que los profesores de bachillerato son de segunda división y por eso los estudiantes necesitan pasar un examen realizado por los hombres sabios cercanos a los hombres sabios y corregido por otros hombres sabios que sí son profesores de primera división, y cuya opinión vale más que la de los profesores de bachillerato? (…)
Luego, el alumno tiene que enfrentarse a una feroz competencia a la hora de conseguir que lo acepten en la facultad deseada, porque hay saturación debido a que muchos otros alumnos no han sacado nota para entrar donde deseaban y tienen que conformarse con entrar donde pueden o donde les dejan. O peor incluso; puede que el alumno en cuestión tenga que meterse por ejemplo en derecho porque en periodismo no lo admitían por la nota de selectividad. O sea, que es selecto, pero no lo suficientemente selecto como para entrar en periodismo. Como si un mal día fuera determinante a la hora de decidir el futuro de un adolescente -puede que el día de la selectividad, el estudiante en cuestión no tuviera a la musa de su parte; ¿por qué dudar de la juventud por principio?- (...)
En la edición de hoy de El Diario de Sevilla -ese insigne ejemplo de independencia editorial al que leo porque al enemigo hay que conocerlo-, año VIII, número dos mil quinientos noventa y tres, aparece un artículo que ilustra convenientemente estas impresiones de las que vengo hablando (…) Según un insigne profesor (…) habría que eliminar el coladero académico en que se ha convertido la universidad, y establecer un filtro tan riguroso de acceso que sólo pudieran superarlo los jóvenes con formación suficiente. Para conseguir esto, y hacerlo de forma real y absolutamente efectiva, sería indispensable transferir TODO el poder a los centros, para que sean éstos quienes decidan qué alumnos son merecedores de estudiar en la universidad y cuáles no -según establecía la anterior ley del último gobierno de Josemari-. Esto debería ser así porque según este ilustrado profesor, lo importante en la universidad tiene que ser la calidad y excelencia de sus alumnos y no otras cuestiones, ya que lo contrario es fruto de pedagogos progres -que acusan injustamente a los profesores del fracaso escolar- y sólo contenta a padres y alumnos malos. Claro, cómo no. La culpa del mal resultado de una operación quirúrgica es del enfermo, por estar enfermo, no del cirujano. Del enfermo y de Felipe González, claro (...)
Me pregunto cómo puede impartir Historia Moderna en la universidad. ¿Será para él historia moderna el líber iudiciorum? Este hombre sabio no se habrá enterado que hace tres décadas que todos los españolitos pobres somos iguales ante la ley -menos los ricos ricos, los hombres sabios, los fuera de la ley y Farruquito-. Este profesor no se ha enterado aún que eso de la excelencia y la calidad y Santiago y Cierra España no es Historia Moderna, sino Arqueología Social (…) ¿Qué enseñará este tipo en sus clases de Historia Moderna? ¿Que Marx fue el anticristo? ¿Que el Che era un terrorista? ¿Que Dolores Ibarruri fue una bruja -la última bruja de la historia-? ¿Enseñará que la Segunda República fue un terrible golpe de estado y que Franco acabó la Reconquista en mil novecientos treinta y nueve al terminar con ella y expulsar de una vez por todas a los rojos, moros y judíos que quedaban? ¿Tendrá como asesor a Pío Moa?
Seguro que esos padres y alumnos malos estarían muy contentos de quedarse fuera del sistema universitario gracias a sus sabios consejos, y de seguir pagándole su inmerecido sueldo mientras tanto. ¿Y qué haríamos con las estudiantAs? ¿Admitimos a las de calidad, a las buenorras que accedan a bajarse las braguitas? ¿Y al resto? ¿Rechazamos a las buenorras estrechas y a las feas? ¿Qué hacemos con los andaluces o los extremeños? ¿Los remitimos del tirón para labores agrícolas? (…)
Si a pesar de todo esto consigues sobrevivir y encontrar un puesto, te encuentras con la mayor de todas. La mafia. Sí señor, la mafia en estado puro. Los señores feudales, dispuestos a todo por conservar y disfrutar de todos sus rancios privilegios -incluido el de pernada, aunque con matices-. Estoy hablando de los colegios profesionales, claro está. Estos son los que controlan todo el tinglado. Tienes que pagar un peaje para ejercer una profesión cuyo derecho a ejercer te has ganado a pulso durante años de sacrificio (…) No basta con tu diplomita. Tienes además que ir y bajarte la ropa interior ante los colegios profesionales que te dan caña a saco, sin anestesia, y encima sonríen groseramente y con la desvergüenza propia de todo aquel que se sabe por encima de la ley. ¿Usted es abogado? No señor. Usted es licenciado en derecho. Pero usted no es abogado hasta que no pague el impuesto revolucionario -léase extorsión- que efectúan de manera legal dichos colegios. ¿Medico? ¿Doctor? Nada de eso, no señor. Usted apoquine, y entonces podrá ejercer. Usted ejercerá cuando yo quiera, porque yo soy el don del barrio, il capo di tutti le capi (…)

martes, 5 de mayo de 2009

REFLEXION QUINTA.- Los hombres sabios

El hombre es sabio, es fuerte, es valiente, es guardián de bienes y patrimonios, y es fuente perpetua de consejos y conocimientos. El hombre se ha encargado de convertir el mundo en lo que es, y gracias a tantos y tantos hombres líderes mundiales a lo largo de la historia, vivimos en este paraíso que hemos heredado(...)
El hombre es la cima de la creación, y como tal, sólo está sujeto a error porque si no tuviera la capacidad de errar, sería tan perfecto como dios y sólo dios es dios, porque sino no sería único, y entonces esto no sería monoteísmo, y volveríamos al Olimpo, y la iglesia se iría al garete, y Satanás andaría de copas como Pedro por su casa, y esto sería todo un cachondeo. Por cierto, que si dios es perfecto, se puede decir de él que es infalible. Aunque si alguien carece de una facultad – por ejemplo, la facultad de errar -, ya no es perfecto porque le falta algo. Entonces, si dios es perfecto y nunca se equivoca, y no puede ser perfecto porque le falta la facultad de equivocarse, ¿cómo podemos entender todo este tinglado? No hay problema, elegimos a cualquier polaco, hombre sabio por supuesto, para que les dé caña a rojos y ateos; amenace con el infierno a los que piensen demasiado –aunque luego acabe reconociendo que el infierno no existe-; y condene a los curas que salen del armario al tiempo que mira con comprensión a los curas pederastas mientras santifica a fascistas y amiguetes como quien tiene las escrituras de propiedad de grandes extensiones del paraíso. Me pregunto dónde iría el Wojtila éste a por los títulos de propiedad. Por cierto, que el papa mazinger –el robot era más simpático, porque sólo iba a por los malos y dejaba en paz a gays y lesbianas– es otro hombre sabio, santo también, capaz de llamar a sus fieles a la insubordinación civil para condenar a la segunda división a gays, lesbianas y transexuales; de movilizar al ejército de cristo para negar al gobierno legítimamente constituido la no menos legítima potestad para intentar acabar con el terrorismo de eta; y al mismo tiempo se muestra incapaz de llamar a la movilización a sus huestes para condenar la barbarie israelí, o la desfachatez del vaquero alcohólico y acomplejado para con el resto del mundo, o para frenar el hambre y la pobreza que azota a un altísimo porcentaje de la humanidad. Aunque para esto último tendría que empezar por practicar un poco de cristianismo y repartir entre los pobres. Es otra clara variante del ejemplo del médico con el tabaco.
El hombre es sabio; más que eso, es sabio sabio. La monda. Por un lado tenemos a Sócrates afirmando que lo único que sabe con certeza es que no sabe nada, y por otro lado tenemos a algún darwiniano –disculpas por no haberme tomado la molestia de buscar su nombre, pero entenderán que eso de la bibliografía no forme parte de unas modestas reflexiones– que afirma de estos monos calvos y bípedos que no sólo no es cierto eso de que no sabemos nada, sino que llegamos a saber tanto que somos sabios sabios(…)
Somos tan sabios que hemos puesto nuestros destinos comunes e individuales en manos de incapaces, que nos han llevado a la deriva a lo largo de siglos, que han dilapidado nuestra riqueza, nuestra sangre y nuestras vidas en satisfacer su propio ego, su afán de poder o patrimonio, su lascivia, o simplemente su orgullo. Tan sabios que nos tragamos durante siglos que había un dios barbudo y cabreado eternamente -¿sería un crítico profesional?-, empeñado en poner el poder en manos de unos pocos para que el resto nos dejáramos la piel cada día por mantener los privilegios de esos pocos (...)
Los hombres sabios han sometido durante miles de años a ese desalmado competidor que es la mujer, han podido usar provechosamente la ventaja que les concede la fuerza bruta, han destruido irremisiblemente a los más débiles para así poder construir una especie mejor, conformada por los más fuertes, han utilizado a los menos afortunados para levantar palacios, imperios, fortunas y naciones, y han ideado terribles dioses e ídolos de barro para amedrentar a propios y extraños e impedir rebeliones, revoluciones, o incluso pensamientos recalcitrantes (...)
Dios hizo al hombre sabio a su imagen y semejanza, y la excepción tiene la regla - ¿era así el dicho popular? -. La verdad es que este dios estuvo un poco chapucero. Seguro que era un dios novato por aquel entonces. O peor aún, espero que no sea un aprendiz de dios, porque si no, vamos aviados (... )