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martes, 5 de mayo de 2009

REFLEXION QUINTA.- Los hombres sabios

El hombre es sabio, es fuerte, es valiente, es guardián de bienes y patrimonios, y es fuente perpetua de consejos y conocimientos. El hombre se ha encargado de convertir el mundo en lo que es, y gracias a tantos y tantos hombres líderes mundiales a lo largo de la historia, vivimos en este paraíso que hemos heredado(...)
El hombre es la cima de la creación, y como tal, sólo está sujeto a error porque si no tuviera la capacidad de errar, sería tan perfecto como dios y sólo dios es dios, porque sino no sería único, y entonces esto no sería monoteísmo, y volveríamos al Olimpo, y la iglesia se iría al garete, y Satanás andaría de copas como Pedro por su casa, y esto sería todo un cachondeo. Por cierto, que si dios es perfecto, se puede decir de él que es infalible. Aunque si alguien carece de una facultad – por ejemplo, la facultad de errar -, ya no es perfecto porque le falta algo. Entonces, si dios es perfecto y nunca se equivoca, y no puede ser perfecto porque le falta la facultad de equivocarse, ¿cómo podemos entender todo este tinglado? No hay problema, elegimos a cualquier polaco, hombre sabio por supuesto, para que les dé caña a rojos y ateos; amenace con el infierno a los que piensen demasiado –aunque luego acabe reconociendo que el infierno no existe-; y condene a los curas que salen del armario al tiempo que mira con comprensión a los curas pederastas mientras santifica a fascistas y amiguetes como quien tiene las escrituras de propiedad de grandes extensiones del paraíso. Me pregunto dónde iría el Wojtila éste a por los títulos de propiedad. Por cierto, que el papa mazinger –el robot era más simpático, porque sólo iba a por los malos y dejaba en paz a gays y lesbianas– es otro hombre sabio, santo también, capaz de llamar a sus fieles a la insubordinación civil para condenar a la segunda división a gays, lesbianas y transexuales; de movilizar al ejército de cristo para negar al gobierno legítimamente constituido la no menos legítima potestad para intentar acabar con el terrorismo de eta; y al mismo tiempo se muestra incapaz de llamar a la movilización a sus huestes para condenar la barbarie israelí, o la desfachatez del vaquero alcohólico y acomplejado para con el resto del mundo, o para frenar el hambre y la pobreza que azota a un altísimo porcentaje de la humanidad. Aunque para esto último tendría que empezar por practicar un poco de cristianismo y repartir entre los pobres. Es otra clara variante del ejemplo del médico con el tabaco.
El hombre es sabio; más que eso, es sabio sabio. La monda. Por un lado tenemos a Sócrates afirmando que lo único que sabe con certeza es que no sabe nada, y por otro lado tenemos a algún darwiniano –disculpas por no haberme tomado la molestia de buscar su nombre, pero entenderán que eso de la bibliografía no forme parte de unas modestas reflexiones– que afirma de estos monos calvos y bípedos que no sólo no es cierto eso de que no sabemos nada, sino que llegamos a saber tanto que somos sabios sabios(…)
Somos tan sabios que hemos puesto nuestros destinos comunes e individuales en manos de incapaces, que nos han llevado a la deriva a lo largo de siglos, que han dilapidado nuestra riqueza, nuestra sangre y nuestras vidas en satisfacer su propio ego, su afán de poder o patrimonio, su lascivia, o simplemente su orgullo. Tan sabios que nos tragamos durante siglos que había un dios barbudo y cabreado eternamente -¿sería un crítico profesional?-, empeñado en poner el poder en manos de unos pocos para que el resto nos dejáramos la piel cada día por mantener los privilegios de esos pocos (...)
Los hombres sabios han sometido durante miles de años a ese desalmado competidor que es la mujer, han podido usar provechosamente la ventaja que les concede la fuerza bruta, han destruido irremisiblemente a los más débiles para así poder construir una especie mejor, conformada por los más fuertes, han utilizado a los menos afortunados para levantar palacios, imperios, fortunas y naciones, y han ideado terribles dioses e ídolos de barro para amedrentar a propios y extraños e impedir rebeliones, revoluciones, o incluso pensamientos recalcitrantes (...)
Dios hizo al hombre sabio a su imagen y semejanza, y la excepción tiene la regla - ¿era así el dicho popular? -. La verdad es que este dios estuvo un poco chapucero. Seguro que era un dios novato por aquel entonces. O peor aún, espero que no sea un aprendiz de dios, porque si no, vamos aviados (... )