¿Alguien puede imaginarse a los nazis como a una sociedad obsesionada por la tecnología? ¿Quién diría que los indios americanos tenían grandes capacidades místicas y astrológicas? A nadie se le ocurriría decir que los negritos africanos son más potentes físicamente que el hombre blanco. Y por supuesto, jamás pensaríamos que los japoneses de mil novecientos cuarenta y cinco eran más inteligentes y avanzados que los yanquis. De los republicanos españoles ni hablamos, claro; eran una panda de rojos, judíos o masones que no fueron zurrados convenientemente. Seguro que alguno se escapó del Valle de los Caídos, de alguna cárcel, de alguna cuneta o tapia de cementerio, o del Canal de los Presos. Lo digo porque cada año salen unos fulanos con esas banderas extrañas sin el pollo, esas de tres colores. Y alguno hasta habla de regarlas con un himno o algo así (...)
El hombre sabio lo es tanto que lo primero que hace tras despanzurrar a sus enemigos en el campo de batalla es ir a sus casas y matar a sus hijos, ventilarse a sus viudas, quemar sus posesiones, cubrir los restos de sal, y mearse encima para dejar su olor. Luego llega a sus despachos y se pone a reescribir la historia para borrar cualquier vestigio de su antecesor, por si acaso pudiera convertirse en algún problema. ¿Los mayas? Unos salvajes que hacían ritos con sacrificios humanos. ¿Los tutzi? Unos bárbaros caníbales. ¿Los alemanes? Una panda de nazis. ¿Los japoneses? Unos chalados kamikazes. ¿Los rusos? Con ellos no me meto demasiado porque tienen palos. ¿Los chinos? Con ellos tampoco me meto porque tienen más palos aún que los rusos. ¿Los cubanos? Unos asquerosos putones y libidinosos. ¿Los españoles? Unos flojos, vagos y juerguistas... Y así seguiríamos por todos y cada uno de los pueblos que han sido derrotados alguna vez. Menos los yanquis, claro. Ellos nunca han sido derrotados (...)
Llamamos Reconquista a una serie de escaramuzas que algunos reyezuelos ambiciosos -herederos de nadie, porque nunca nadie tuvo Iberia bajo su reinado- llevaron a cabo hace cinco siglos para echar de aquí a otros reyezuelos ambiciosos que llevaban apalancados ocho. Según esta regla, los moritos tienen otros tres siglos de margen para venir a reclamar lo que un día fue suyo. Y ellos sí que podían llamar al proceso La Reconquista, porque realmente sí conquistaron Iberia una vez. ¿Cómo habrían llamado a la cuestión de haber ganado ellos? ¿El Intento Frustrado? ¿La Rebelión Cristiana? ¿La Gran Cagada? ¿Y los nazis, cómo habrían llamado al Holocausto? ¿Las Rebajas? ¿Temporada Alta? ¿La Gran Liquidación? Hay otros ejemplos ilustrativos al respecto, como por ejemplo La Conquista del Oeste. ¿La habrían llamado los indios La Invasión Blanca? ¿Llamarían los sudamericanos si hubieran resistido al hambre española al catorce de octubre de mil cuatrocientos noventa y dos como El Día del Conocimiento de Europa? ¿Cómo se llamaría la Guerra de la Independencia? ¿La Rebelión de las Colonias? (…)
(…) lo verdaderamente importante no es lo que pasó en la historia, sino lo que se recuerda que pasó, y cómo se cuenta que pasó -que diría García Márquez-. Y normalmente, tras una guerra, quienes quedan en pie son los vencedores. Los pocos vencidos que quedan siempre van camino de algún campo de concentración o de algún paredón, así que poco pueden recordar. Y los que ganan, ya se sabe lo que recuerdan, cómo lo recuerdan, y cómo lo cuentan(…)
El hombre sabio lo es tanto que lo primero que hace tras despanzurrar a sus enemigos en el campo de batalla es ir a sus casas y matar a sus hijos, ventilarse a sus viudas, quemar sus posesiones, cubrir los restos de sal, y mearse encima para dejar su olor. Luego llega a sus despachos y se pone a reescribir la historia para borrar cualquier vestigio de su antecesor, por si acaso pudiera convertirse en algún problema. ¿Los mayas? Unos salvajes que hacían ritos con sacrificios humanos. ¿Los tutzi? Unos bárbaros caníbales. ¿Los alemanes? Una panda de nazis. ¿Los japoneses? Unos chalados kamikazes. ¿Los rusos? Con ellos no me meto demasiado porque tienen palos. ¿Los chinos? Con ellos tampoco me meto porque tienen más palos aún que los rusos. ¿Los cubanos? Unos asquerosos putones y libidinosos. ¿Los españoles? Unos flojos, vagos y juerguistas... Y así seguiríamos por todos y cada uno de los pueblos que han sido derrotados alguna vez. Menos los yanquis, claro. Ellos nunca han sido derrotados (...)
Llamamos Reconquista a una serie de escaramuzas que algunos reyezuelos ambiciosos -herederos de nadie, porque nunca nadie tuvo Iberia bajo su reinado- llevaron a cabo hace cinco siglos para echar de aquí a otros reyezuelos ambiciosos que llevaban apalancados ocho. Según esta regla, los moritos tienen otros tres siglos de margen para venir a reclamar lo que un día fue suyo. Y ellos sí que podían llamar al proceso La Reconquista, porque realmente sí conquistaron Iberia una vez. ¿Cómo habrían llamado a la cuestión de haber ganado ellos? ¿El Intento Frustrado? ¿La Rebelión Cristiana? ¿La Gran Cagada? ¿Y los nazis, cómo habrían llamado al Holocausto? ¿Las Rebajas? ¿Temporada Alta? ¿La Gran Liquidación? Hay otros ejemplos ilustrativos al respecto, como por ejemplo La Conquista del Oeste. ¿La habrían llamado los indios La Invasión Blanca? ¿Llamarían los sudamericanos si hubieran resistido al hambre española al catorce de octubre de mil cuatrocientos noventa y dos como El Día del Conocimiento de Europa? ¿Cómo se llamaría la Guerra de la Independencia? ¿La Rebelión de las Colonias? (…)
(…) lo verdaderamente importante no es lo que pasó en la historia, sino lo que se recuerda que pasó, y cómo se cuenta que pasó -que diría García Márquez-. Y normalmente, tras una guerra, quienes quedan en pie son los vencedores. Los pocos vencidos que quedan siempre van camino de algún campo de concentración o de algún paredón, así que poco pueden recordar. Y los que ganan, ya se sabe lo que recuerdan, cómo lo recuerdan, y cómo lo cuentan(…)
