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jueves, 9 de abril de 2009

REFLEXION PRIMERA.- A modo de introducción

Este es el primer capítulo del libro. Dejo aquí una muestra de su idea principal, y espero que os parezca lo suficientemente interesante como para abrir un estupendo y devastador fuego cruzado...

"Hay personas que pasan a la historia de manera incomprensible por pensamientos del tipo fútbol es fútbol, lo importante es participar, y sólo sé que no sé nada. Sí, han leído bien: sólo sé que no sé nada. No es que le tenga una manía especial al bueno de Sócrates, ni tampoco que reclame un hueco en el glosario de las citas históricas, más o menos afortunadas, que han pasado a formar parte de nuestra dialéctica cotidiana o incluso de aquella otra un poco más sesuda que queda reservada tan sólo a autores reconocidos por premios y galardones, de esos que necesitan tres páginas para decir esta boca no es mía sino prestada. Ni a los críticos de prestigio, por supuesto; a aquellos a los que interesa más la forma que el contenido, como si lo más importante de una historia fuese el cómo y no el qué. Imagino que no me gustaría nada recibir un regalo envuelto en un lujoso papel; papel que sólo guardara en su interior retazos de cumplimiento o cortesía, pero qué se le va a hacer: el lenguaje es el lenguaje, la crítica es la crítica, y el reconocimiento es aquella sensación que experimenta alguien cuando se acuerda de ti... ¿o no?

Retomando el hilo del pensamiento inicial, y volviendo a nuestro amigo Sócrates, decía que quizá su mérito esté en reconocer su ignorancia o tal vez esté en la forma en que lo reconoció. A fin de cuentas, críticos y autores reconocidos al margen, la Filosofía le ha dado y le sigue dado un lugar importante en sus estanterías, y no se puede dejar de reconocer que la Filosofía es útil a la Vida. De cualquier manera, y aún a riesgo de parecer una persona soberbia que cree estar por encima del mismísimo Sócrates, he de reconocer que yo sí sé algo, además del paralelismo existente entre la Filosofía y las Palomitas. Aunque también he de reconocer que una gran parte de ése algo que sé no se lo debo a mi propia experiencia personal, sino a vivencias ajenas de las que fui mal confidente o testigo entre el humo de cigarrillos Ducados y Camel hasta altas horas de la noche, aunque también se podría decir hasta tempranas horas de la mañana, siempre a la espera de la musa. Tan mal confidente fui que los objetos de esas confidencias se han acabado convirtiendo en esta colección de reflexiones, de esas que podrían empezar con Un amigo de mi amigo le contó a un conocido del novio de mi hermana...
Espero que las disfruten o las padezcan, pero en cualquier caso, espero con más interés aún que no les resulten del todo indiferentes."